Feria del Maíz en Chapultepec: el campo capitalino llega a la Fuente Xochipilli
Por JP Ojeda
El maíz no solo se come en la Ciudad de México: también se cultiva, se defiende y se celebra dentro del perímetro capitalino. La Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA) publicó el 3 de octubre de 2026 la realización de la Segunda Feria del Maíz y la Agrobiodiversidad, los días 3 y 4 de octubre, en la Fuente Xochipilli de la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. Para quien lee esto el domingo 4, todavía hay orientación útil: el campo urbano está a un Metro —o un camión— de distancia, con tamales, esquites, elotes y talleres gratuitos.
Feria del Maíz en Chapultepec: productores de la milpa capitalina
Según el anuncio de SEDEMA, participan alrededor de 50 productoras y productores de Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac y Tlalpan. Representan a más de 3 mil personas dedicadas a estas labores en la capital. No es una feria genérica de antojitos importados: es una vitrina del maíz que se siembra y se transforma en alcaldías con vocación rural dentro de la CDMX.
La secretaria del Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza Ramírez, subrayó que México es centro de origen del maíz, con 64 razas, y recordó que el Día Nacional del Maíz fue decretado en 2019. En el discurso difundido se atribuyen énfasis a la semilla y a la soberanía alimentaria, así como la frase “sin maíz no hay país”. El titular de la Dirección General de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (DGCorenadr), Humberto Adán Peña Fuentes, planteó que entre mayor sea el ingreso de las y los productores, mayor será la conservación del suelo. La alcaldesa de Tlalpan, Gabriela Osorio Hernández, destacó variedades nativas: azul, cacahuacintle, blanco, palomero y rojo.
Esos nombres no son ornamento gastronómico: son biodiversidad cultivada. Probar un elote o un tamal en esta feria es, en clave urbana, acercarse a semillas que siguen vivas en chinampas, milpas y parcelas del sur-oriente capitalino.
Qué se ofrece: antojitos, talleres y música
La oferta anunciada incluye tamales, esquites, elotes, pan de elote, galletas y bebidas con maíz, además de talleres gratuitos y música. No detallamos aquí precios de platillos porque el comunicado no los fija como tarifa única; cada productor define su venta. Tampoco inventamos menús ni horarios de cada taller más allá de lo publicado: la invitación es llegar a la Fuente Xochipilli, recorrer los puestos y preguntar en sitio qué se cocina al momento.
El encuadre importa: esta feria no es la Feria del Mole de San Pedro Atocpan ni un festival de pan de muerto del Centro. Comparte temporada otoñal y orgullo de oficio, pero su eje es el maíz y la agrobiodiversidad bajo el paraguas ambiental de SEDEMA. Quien ya visitó otras citas maiceras de la ciudad puede contrastar ambientes: en Los Pinos ha habido ferias de sabores, semillas y saberes de la milpa; en el Zócalo se ha documentado la Gran Elotiza Nacional. Chapultepec aporta el marco de bosque y Segunda Sección, con la Fuente Xochipilli como punto de encuentro.
Ángulo urbano: el campo que vive dentro de la CDMX
Para el comensal capitalino, la feria desmonta un mito: que “el campo” siempre está fuera del perímetro. Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac y Tlalpan sostienen cadenas de maíz, flor, verdura y saber agrícola que alimentan mercados y cocinas de toda la ciudad. Traer a unos 50 productores a Chapultepec acorta la distancia entre quien siembra y quien come en departamentos del centro o del poniente.
También hay lectura ambiental. Conservar razas nativas y suelos productivos en la periferia sur-oriente no es nostalgia: es política de agrobiodiversidad en una megaciudad que necesita alimentos, agua y territorio vivo. El vínculo que plantea Peña Fuentes entre ingreso del productor y cuidado del suelo traduce a lenguaje claro una verdad de economía rural: sin precio justo y venta directa, la milpa compite en desventaja.
Cómo llegar y qué esperar el último día
La Segunda Sección de Chapultepec es accesible en transporte público y a pie desde varias entradas del bosque. Conviene hidratarse, llevar efectivo por si algún puesto no acepta transferencia, y asumir afluencia de fin de semana. Si asiste el 4 de octubre —segundo y último día según el anuncio—, priorice llegar con luz de día para recorrer talleres y puestos sin prisas. No está confirmado en el material revisado un desglose hora por hora de cada actividad; lo publicado destaca la feria en bloque los días 3 y 4.
Quien busque combinar la visita con otra mirada al bosque puede acercarse a propuestas culturales recientes en Chapultepec, como la exposición sobre biodiversidad con obras de Esteban Fuentes de María, si está vigente en su recorrido. Maíz y biodiversidad no son temas ajenos: uno se come y se siembra; el otro se contempla y se defiende.
Sabor con contexto, sin lista de fuentes
En Metrópoli 360 preferimos que el plato llegue con contexto. Un esquite en la Fuente Xochipilli sabe distinto cuando se sabe que detrás hay productoras de milpa urbana y un discurso público sobre soberanía alimentaria. No hace falta romanticizar: hace falta comprar, preguntar de qué variedad es el grano cuando el productor lo sepa, y reconocer que 64 razas nacionales no se sostienen solas en vitrinas de museo.
La Segunda Feria del Maíz y la Agrobiodiversidad dura lo que dura un fin de semana anunciado, pero el argumento se queda: la CDMX tiene campo adentro, tiene razas nativas en Tlalpan y alcaldías vecinas, y tiene en Chapultepec un escenario capaz de reunir a más de 3 mil personas representadas por unos 50 productores visibles. Si el domingo 4 todavía puede cruzar el bosque hasta Xochipilli, el maíz capitalino lo espera con elote, tamal, taller y música —sin confundirlo con otras ferias de temporada, y con el respeto de quien sabe que sin maíz, como se recuerda en el propio discurso oficial, no hay país.
Imagen ilustrativa generada con IA