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Reloj Chino de Bucareli: el regalo que sobrevivió a los cañonazos

JP Ojeda
Torre de reloj de estilo oriental con techo de pagoda verde y dorado sobre una pequeña glorieta de una avenida arbolada al atardecer
Imagen ilustrativa generada con IA

Por JP Ojeda

Pocas esquinas de la Ciudad de México guardan una historia tan accidentada en tan poco espacio. El Reloj Chino de Bucareli, la torre de estilo oriental que se levanta en la colonia Juárez, fue un regalo para celebrar el centenario de la Independencia en 1910, quedó destrozado por los cañonazos de la Decena Trágica en 1913 y tuvo que reconstruirse casi desde cero. Más de un siglo después, sigue marcando la hora sobre una de las avenidas más transitadas del centro.

Su origen se remonta a un tratado. El 14 de diciembre de 1899 se firmó en Washington el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre China y México, que formalizó las relaciones comerciales entre ambos países. Una década después, cuando el gobierno de Porfirio Díaz organizó las fiestas del Centenario, la comunidad china residente en México tomó la iniciativa de levantar una torre para colocar el reloj enviado por la dinastía Qing, de acuerdo con los registros históricos recogidos por el Archivo Histórico de Excélsior.

Un regalo del último emperador de China

El obsequio está asociado al gobierno de Puyi, el último emperador chino, quien había llegado al trono en 1908 con apenas dos años de edad, según la ficha turística del monumento que publica el Gobierno de la Ciudad de México. La misma fuente subraya un detalle que suele perderse: aunque el reloj llegó como regalo oficial, la construcción de la torre se pagó con la recaudación que hicieron los propios inmigrantes chinos que vivían en el país.

La torre se inauguró en 1910, en el marco de las celebraciones del Centenario, en lo que entonces era el Paseo de Bucareli, una avenida trazada a finales del siglo XVIII que llegó a ser de las más destacadas de la capital. A principios del siglo XX, el reloj lucía en una glorieta amplia; con el paso de las décadas y el crecimiento del tráfico, ese círculo se fue reduciendo hasta la pequeña isla que hoy ven los automovilistas.

Por qué el Reloj Chino tuvo que reconstruirse

La paz duró poco. En febrero de 1913, durante la Decena Trágica, la ciudad se convirtió en campo de batalla y el reloj quedó en la línea de fuego: fue alcanzado por proyectiles de los cañones rebeldes disparados desde La Ciudadela, a unas cuadras de distancia. Las fotografías de la época que conserva el archivo de Excélsior muestran la estructura seriamente dañada tras los primeros cañonazos.

La reparación no fue un simple remiendo. Se necesitó una reconstrucción completa, encargada al arquitecto Carlos Gorbea, y otra vez fue la comunidad china la que reunió el dinero. El Reloj Chino se reinauguró el 29 de septiembre de 1921, durante las fiestas por el centenario de la consumación de la Independencia, ocho años después del ataque. Por eso es, en sentido estricto, un monumento de dos centenarios.

Esa doble fecha quedó escrita en la propia torre. De acuerdo con la descripción del monumento que recogen las enciclopedias, una de sus caras conserva la dedicatoria de la colonia china a México en el primer centenario de su independencia; otra muestra las fechas 27 de septiembre de 1821 y 27 de septiembre de 1921, y una más lleva cuatro caracteres chinos que se traducen como «las voces del mismo sentir hacen ecos», una frase que alude a la cercanía entre ambas comunidades.

El reloj hoy: mantenimiento, relojeros y memoria urbana

La torre ha recibido varias intervenciones. En mayo de 2010, a propósito del Bicentenario, se remodeló con donativos de la revista China Hoy, en una ceremonia a la que asistieron representantes de la embajada china y del Centro Histórico. La más reciente noticia llegó en mayo de 2025, cuando la alcaldía Cuauhtémoc informó que el mecanismo había vuelto a funcionar tras una reparación coordinada con un maestro relojero certificado en relojes monumentales.

En ese mismo comunicado, la alcaldía advirtió que el oficio está en riesgo: los dos relojeros de planta que trabajaban para la demarcación se jubilaron en 2024, por lo que ahora se recurre a especialistas externos, y anunció una intervención integral para la conservación a largo plazo bajo criterios técnicos y legales en materia de patrimonio. Es un recordatorio de que un monumento no sólo necesita piedra y pintura, también manos que sepan mantenerlo en marcha.

El reloj tiene, además, su lugar en la literatura. El escritor chileno Roberto Bolaño, que vivió cerca de Bucareli antes de mudarse a España, se refirió a la avenida y a su entorno en obras como «El espíritu de la ciencia ficción». Y está a unos pasos del Palacio de Cobián, sede de la Secretaría de Gobernación, lo que convierte a esta pequeña glorieta en un punto donde se cruzan la diplomacia, la Revolución y la ficción.

Si te gustan estas historias escondidas a plena vista, en Metrópoli 360 también contamos por qué los escalones del Ángel de la Independencia delatan el hundimiento y qué esconde el Zócalo debajo de la plancha. La próxima vez que pases por Bucareli, mira hacia arriba: la hora que marca ese reloj tiene más de un siglo de historia encima.

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