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Ángel de la Independencia: por qué sus escalones delatan el hundimiento

JP Ojeda
Escalinata de cantera gris al pie de una columna monumental con esculturas de bronce en una glorieta arbolada de la Ciudad de México al amanecer

Por JP Ojeda

Quien sube hoy la escalinata del Ángel de la Independencia pisa, sin saberlo, más de un siglo de hundimiento capitalino. Cuando se proyectó, la base de la columna tenía nueve escalones; con el paso de las décadas se le han añadido 14 más, de acuerdo con un artículo publicado en la Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM. No es que el monumento haya crecido: es la ciudad la que se ha ido hacia abajo a su alrededor.

La explicación está en el suelo. Buena parte de la capital se levanta sobre el lecho arcilloso de un antiguo lago, un terreno blando que se compacta conforme se extrae agua del subsuelo. Edificios, calles y redes de drenaje bajan con él, aunque no todos al mismo ritmo. Las construcciones que descansan sobre pilotes que llegan a capas más firmes descienden menos que el terreno que las rodea, y el efecto visible es que parecen “salir” del piso.

El caso del Ángel es de manual porque su historia empezó, precisamente, con un problema de cimientos. La primera piedra se colocó el 2 de enero de 1902, pero en mayo de 1906, cuando ya se habían levantado unos 25 metros de estructura, se hizo notorio el hundimiento de uno de sus lados. Una comisión de ingenieros concluyó que la cimentación estaba mal planeada y se decidió demoler lo construido para empezar de nuevo.

Cómo se salvó el Ángel de la Independencia de su primer hundimiento

Los trabajos se reiniciaron el 13 de junio de 1907. Esta vez se hicieron estudios de suelo y se optó por pilotes de concreto con punta, hincados con un martinete de vapor, una de las primeras obras de la ciudad con ese tipo de cimentación, cuando lo habitual eran pilotes de madera que no alcanzaban gran profundidad. El proyecto artístico fue de Antonio Rivas Mercado, las esculturas del italiano Enrique Alciati y la obra civil corrió a cargo de Roberto Gayol, entre otros ingenieros.

El 16 de septiembre de 1910, en plenas fiestas del Centenario, Porfirio Díaz inauguró la columna. Esa decisión técnica, apoyar el monumento en estratos más resistentes, explica por qué hoy luce más alto respecto de la calle: la glorieta y el Paseo de la Reforma han seguido bajando mientras la columna se mantiene. Para seguir dando acceso a su base, se fueron agregando gradas.

La descripción técnica más difundida del monumento distingue dos tandas de escalones: las gradas originales de 1910, de alrededor de metro y medio, y otras de unos tres metros construidas en los años ochenta. Estas últimas llegaron tras el sismo de 1985, que dañó la estructura y varias esculturas, cuando una restauración dirigida por Ramón Bonfil incluyó nuevas gradas en los costados oriente y poniente que bajan hasta la calzada.

Lo que dice el satélite sobre el hundimiento actual

El fenómeno no es cosa del pasado. Entre octubre de 2025 y enero de 2026, el satélite NISAR, una misión conjunta de la NASA y la Organización India de Investigación Espacial, midió en algunas zonas de la capital hundimientos de unos 2 centímetros al mes, según informó la agencia estadounidense. Entre los puntos señalados con esa velocidad estuvieron el aeropuerto principal y el entorno del propio Ángel, lo que equivale a cerca de 24 centímetros al año.

El geofísico de la UNAM Enrique Cabral declaró a la agencia AP que en menos de un siglo la caída acumulada supera los 12 metros y que el proceso daña infraestructura crítica como el Metro, el drenaje, la red de agua potable, la vivienda y las calles. La causa principal es la extracción intensiva de agua subterránea, que reduce el acuífero y compacta las arcillas del antiguo lago.

El subsuelo del antiguo lago también ayuda a entender por qué las inundaciones de cada temporada de lluvias se repiten en los mismos puntos, un patrón que explicamos al contar por qué tu colonia se inunda porque debajo hubo un río. El hundimiento diferencial también es la razón de que monumentos como la Catedral Metropolitana luzcan visiblemente inclinados.

Otros secretos de la columna de Reforma

El monumento acumula más episodios curiosos. El 28 de julio de 1957, un sismo derribó la Victoria Alada, la escultura dorada que todos llaman “el Ángel”, que quedó destrozada al pie de la columna. Se fabricó una nueva, colocada en la cima, y el conjunto se reinauguró el 16 de septiembre de 1958. La cabeza de la escultura original se conserva en el Museo Archivo Histórico de la Ciudad de México, en el Centro.

Además de símbolo, la columna se convirtió en mausoleo: en 1925 recibió en su interior restos de héroes de la Independencia trasladados desde la Catedral y otros puntos del país, entre ellos los de una sola mujer, Leona Vicario. En 1929 se instaló por decreto, en la cara poniente del pedestal, una lámpara votiva en su memoria, y en 2010, con motivo del Bicentenario, los restos fueron exhumados con honores para trabajos de conservación. Y entre las estatuas interiores figura la del irlandés Guillén de Lampart, que en el siglo XVII intentó liberar a la Nueva España y murió en la hoguera de la Inquisición.

La próxima vez que la glorieta se llene, ya sea por un festejo futbolero o por los desfiles de Día de Muertos que recorrerán Reforma este octubre, vale la pena mirar la escalinata con otros ojos. Cada escalón añadido es un registro, a la vista de todos, de lo que la ciudad pierde bajo sus pies y de por qué medir el hundimiento con satélites se ha vuelto una prioridad.

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