Agua en la CDMX: presas llenas no apagan el conflicto
Por JP Ojeda
El agua en la CDMX volvió a la calle este domingo, aunque las presas que abastecen a la capital están casi llenas. La paradoja dice mucho: el conflicto por el agua en la Ciudad de México ya no depende solo de cuánta lluvia cae en el Cutzamala, sino de quién recibe el líquido, con qué calidad, a dónde van las aguas negras y quién decide las obras. Esa es la discusión que el gobierno capitalino tendrá que atender antes de que la temporada seca y el calendario electoral de 2027 la vuelvan más áspera.
Lo confirmado de la jornada es modesto en tamaño, pero no en significado. De acuerdo con la agenda de movilizaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina, el colectivo Shampoo Club convocó a una marcha por el agua a las 11:00 horas, del Ángel de la Independencia al Zócalo, con un aforo estimado de 60 personas. La convocatoria, según esa misma agenda, pedía defender el acceso al agua, rechazar su privatización, denunciar el desvío del recurso y la filtración de residuos, y respaldar la segunda megamarcha por el agua en Guadalajara, bajo la consigna “El Agua de México es para el Pueblo Mexicano”.
La crónica de N+ registró que decenas de personas avanzaron por uno de los carriles centrales de Paseo de la Reforma, entraron al Centro por la calle 5 de Mayo y llegaron al Zócalo, donde caminaron frente a la Catedral hasta Palacio Nacional. En el trayecto, según el mismo medio, se sumaron personas en apoyo a Palestina, y una de las consignas fue “El agua no es un privilegio”. La Razón, por su parte, anticipó una afluencia menor a cien personas y ubicó la protesta dentro de una racha reciente de movilizaciones por causas ambientales en la capital y en otros estados.
Agua en la CDMX: el problema ya no es solo el nivel de las presas
Los números oficiales del abasto son, por ahora, una buena noticia. La Comisión Nacional del Agua y su Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México reportaron que, con corte al 13 de octubre, el Sistema Cutzamala almacenaba 722.648 millones de metros cúbicos, el 92.35 por ciento de su capacidad total de 782.521 millones. Según datos de la misma Conagua citados por Expansión, el Cutzamala aporta alrededor de una cuarta parte del agua que consume el Valle de México, unos 15 de los 60 metros cúbicos por segundo que se requieren, y beneficia de forma directa a cerca de cinco millones de habitantes en 14 alcaldías capitalinas y 15 municipios mexiquenses.
Ahí está la tesis de este análisis: con presas llenas, el descontento por el agua en la capital cambia de naturaleza. Ya no se trata de una emergencia por sequía que se explica con el clima, sino de una disputa por la gestión. Cuando el agua alcanza, las colonias con tandeo, baja presión o agua turbia dejan de aceptar la sequía como explicación, y la pregunta se desplaza hacia la red de distribución, el drenaje, el saneamiento y la manera en que el gobierno decide qué obra se hace y dónde. Ese terreno es mucho más político que hidrológico, y por eso es más difícil de administrar.
Metrópoli 360 ya había advertido una versión de este problema durante la temporada de lluvias: el operativo Tlaloque no alcanza si la red sigue fallando. La lógica es la misma, pero al revés. En lluvias, la red falla porque no desaloja el agua a tiempo; en secas, falla porque no la reparte con justicia. En ambos casos, el cuello de botella es la infraestructura de la ciudad, no la cantidad de agua almacenada a más de cien kilómetros.
San Gregorio Atlapulco, la prueba más cercana
El caso que mejor ilustra el cambio está en Xochimilco. Según Infobae, habitantes de San Gregorio Atlapulco, pueblo originario de esa alcaldía, mantuvieron diez días de plantón y cierres viales por las descargas de aguas negras provenientes de Milpa Alta que inundaron casas y chinampas. El 9 de octubre, de acuerdo con ese medio, representantes de la Asamblea General Permanente del pueblo firmaron una minuta de 12 acuerdos con la alcaldesa de Xochimilco, Circe Camacho Bautista; el alcalde de Milpa Alta, José Octavio Rivero Villaseñor, y funcionarios de la Secretaría de Gestión Integral del Agua.
Los compromisos, según la minuta reportada por Infobae, incluyen elaborar una nueva propuesta hidráulica que se someterá a consulta, suspender las descargas de aguas negras de Milpa Alta, rehabilitar el drenaje del pueblo, reubicar el cárcamo de Atenco, crear una comisión de seguimiento con pobladores y profesionistas, garantizar que el agua potable no tenga uso político y dejar sin efectos el Plan Integral Hídrico de 2025 para reestructurarlo. Es relevante porque ese plan era una apuesta del propio gobierno capitalino: la Jefatura de Gobierno lo había presentado como una inversión histórica de 372 millones de pesos en siete obras para prevenir inundaciones y recuperar la zona lacustre.
Lo que falta por confirmar es justamente lo que importa para medir si el acuerdo funciona. La minuta fijó el 16 de octubre, a las 11:00 horas, como fecha para que la Secretaría de Gestión Integral del Agua presentara los primeros avances. Hasta el cierre de este análisis no localizamos un informe público de esa reunión ni una versión oficial sobre el estado de cada uno de los 12 compromisos. Sin ese reporte, no es posible afirmar que las descargas ya se suspendieron ni que exista un calendario para la nueva propuesta de obra.
Guadalajara como espejo y advertencia
La marcha capitalina se presentó como un gesto de solidaridad con Jalisco, y conviene mirar por qué. Según El Informador, la segunda marcha por el agua en Guadalajara, convocada para este domingo, exige agua limpia y suministro regular en la zona metropolitana abastecida por el Siapa, además de sanciones a los policías señalados por abusos durante la protesta del 11 de octubre. Ese día, de acuerdo con el mismo diario, policías estatales y bomberos usaron chorros de agua y gas lacrimógeno contra los manifestantes, hubo 39 detenciones y el gobernador Pablo Lemus reconoció excesos en el uso de la fuerza. El Financiero reportó que algunas convocatorias suman ya la exigencia de revocación de mandato.
La lección para la Ciudad de México no está en el tamaño de una marcha de decenas de personas, sino en la rapidez con que un problema de servicio se convirtió en Jalisco en un problema de legitimidad. Una mala respuesta a la protesta pesó tanto como el agua turbia. En la capital, el gobierno de Clara Brugada tiene a su favor que el conflicto de San Gregorio se resolvió por la vía de la negociación y no de la fuerza, pero esa ventaja solo se sostiene si los acuerdos se cumplen y se informan.
Lo que el gobierno capitalino ha prometido y lo que falta medir
En su Segundo Informe de Gobierno, según la transcripción oficial publicada por la Jefatura de Gobierno, Brugada afirmó que su administración destina 40 por ciento más recursos al agua y que se han desazolvado más de 900 kilómetros de redes de drenaje. Son datos de la propia autoridad, y el problema es que miden esfuerzo, no resultados. Para saber si la política hídrica funciona hace falta otra clase de información: cuántas colonias siguen con tandeo, cuánta agua se pierde en fugas, qué calidad llega a la llave en cada alcaldía y qué tan rápido se atienden los reportes. Esa información no forma parte de los anuncios recientes.
El tema también tiene una dimensión electoral. La jefa de Gobierno ha pedido, como recogió Metrópoli 360, que el proceso rumbo a 2027 transcurra sin odio y con respeto a la ley. El agua es uno de los asuntos donde esa competencia se va a jugar con más fuerza, porque toca la vida diaria y porque sus fallas se concentran en la periferia: el oriente y el sur de la ciudad, donde zonas como Milpa Alta todavía esperan obras que en el centro se dan por hechas, como mostramos en Utopía en Milpa Alta: la periferia aún espera su Cablebús.
La conclusión es incómoda para todos los actores. Para el gobierno, unas presas al 92 por ciento no son un escudo, sino una vara más alta: si hay agua y aun así falta en algunas casas, la explicación tendrá que ser de gestión. Para los colectivos que marcharon hoy, el reto es convertir una consigna general contra la privatización en demandas verificables para la capital. Y para la ciudadanía, la tarea es exigir lo que hoy no está público: el informe de avances de San Gregorio Atlapulco y datos claros de distribución por colonia. Mientras esos dos documentos no aparezcan, el debate sobre el agua en la CDMX seguirá hecho de anuncios de un lado y de pancartas del otro.
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