Casa Ecológica: llega tarde y en pequeño a la crisis del agua
Por JP Ojeda
El programa Casa Ecológica llega a la Ciudad de México con una promesa ambiciosa y un calendario apretado. La Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) publicó el 16 de octubre en la Gaceta Oficial las reglas de operación de este esquema, que entregará sistemas de captación de lluvia, calentadores solares y huertos comunitarios, y este sábado Excélsior detalló su alcance: 200 millones de pesos para equipar al menos 10 mil viviendas en zonas de desarrollo social medio, bajo y muy bajo. La tesis de este análisis es sencilla: Casa Ecológica va en la dirección correcta, pero por su tamaño y por sus tiempos es un alivio focalizado, no una respuesta a la crisis del agua que el propio gobierno capitalino describe en su diagnóstico, y su verdadera prueba no llegará este año sino con las lluvias de 2027.
Qué es Casa Ecológica y qué entrega
Según las reglas publicadas en la Gaceta Oficial, Casa Ecológica: Transformando la Ciudad es la continuación institucional de Cosecha de Lluvia, que operó de 2019 a 2024, y de Cosecha de Lluvia y Calentadores Solares para Transformar la Ciudad, que funcionó en 2025; el nuevo programa los sustituye y no coexiste con ellos. Las metas físicas para el ejercicio 2026 son 6,500 sistemas de captación de agua de lluvia, 9,933 calentadores solares y 20 huertos comunitarios. Cada vivienda puede recibir uno o ambos componentes de acuerdo con una visita de evaluación técnica, y las cantidades pueden moverse entre sí hasta en 15% sin rebasar el monto total. El apoyo se da en especie: hasta 18,724.51 pesos por cosechador, hasta 6 mil pesos por calentador y hasta 300 mil pesos por huerto, de acuerdo con el mismo documento.
El dinero está repartido con precisión. Las reglas indican que 94.89% del presupuesto, unos 189.8 millones de pesos, se destina al servicio integral de compra e instalación; 2.33%, alrededor de 4.66 millones, a las personas facilitadoras que integran la Unidad Técnica Operativa, y 2.78%, cerca de 5.56 millones, a materiales de difusión, capacitación y otros insumos. El registro se hace en línea con la CURP, dos teléfonos y la ubicación de la vivienda en un mapa, y también de forma presencial y puerta por puerta para quien no tenga conexión, según la propia Sedema. Para la instalación permanente se piden recibo predial, hoja de valor catastral y constancia de uso de suelo, aunque las reglas aclaran que esos papeles solo acreditan que el inmueble es apto y no son un filtro socioeconómico.
El tamaño de Casa Ecológica frente al problema del agua
El punto débil no está en el diseño sino en la escala, y lo reconoce el propio documento. Las reglas calculan una población objetivo de 3,615,379 personas y estiman que se beneficiarán alrededor de 33,311 usuarios finales, lo que equivale, en palabras de la Sedema, a una cobertura de hasta 0.92% respecto de esa población. Es decir, por cada cien personas que el gobierno identifica como prioritarias, menos de una recibirá algo de este programa en 2026. Ese dato, que no aparece en los titulares, es el que debería ordenar la conversación pública sobre el programa.
El contraste con el antecedente directo también pesa. De acuerdo con el diagnóstico incluido en las reglas, Cosecha de Lluvia instaló más de 73 mil sistemas de captación entre 2019 y 2024 y benefició a poco más de 240 mil personas, 65% de ellas mujeres. Si se reparte esa cifra entre los seis años del programa, el ritmo promedio fue de unos 12 mil cosechadores anuales; la meta de 2026 es de 6,500, aproximadamente la mitad. Las reglas no explican por qué la meta de captación es menor, y tampoco precisan cuántos cosechadores se instalaron en 2025 con el programa intermedio, así que la comparación año contra año queda incompleta y es uno de los datos que la Sedema todavía tendría que transparentar.
El diagnóstico oficial dibuja un problema mucho más grande que cualquier ecotecnia doméstica. Con datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, las reglas señalan que la capital tenía 2,756,319 viviendas particulares habitadas: alrededor de 90% con agua entubada dentro de la casa, 8% solo en el terreno y 2% sin agua entubada. Y añaden, citando a la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua), que en 2026 se identificaron 284 colonias en 10 alcaldías que reciben agua por tandeo, atendidas con pipas, “pero las dificultades continúan”. La propia Sedema escribe que tener infraestructura no garantiza un suministro eficiente y continuo. Diez mil viviendas equipadas son una fracción mínima de ese mapa.
Un calendario que choca con la temporada de lluvias
El segundo problema es el reloj. Las reglas fijan que la difusión y el registro irán de octubre a noviembre de 2026, y que el diagnóstico técnico y la instalación de componentes se harán de octubre a diciembre de este año; el seguimiento y la evaluación interna se extienden hasta el siguiente ejercicio. Eso significa que el grueso de los cosechadores se colocará en los meses secos, cuando ya terminó la temporada de lluvias que da sentido a un sistema de captación. Los calentadores solares sí darán servicio de inmediato, pero el componente hídrico, el que justifica el discurso de la crisis del agua, no recogerá una gota relevante hasta 2027.
Comprimir en tres meses la integración del equipo operativo, el registro, las visitas técnicas y la instalación de miles de equipos también es un reto de ejecución. El riesgo de cualquier programa obligado a ejercer su presupuesto antes del cierre del año es que la prisa se traduzca en instalaciones mal ubicadas o sin la capacitación necesaria. Las reglas prevén acompañamiento técnico y talleres de uso y mantenimiento, pero no publican un indicador de cuántos sistemas de años anteriores siguen funcionando, que sería la mejor medida de si el modelo realmente se sostiene en el tiempo.
Lo confirmado y lo que falta por confirmar
Está confirmado, porque consta en la Gaceta Oficial del 16 de octubre, el presupuesto de 200 millones de pesos, las metas por componente, los montos unitarios, la cobertura estimada de 0.92% y el calendario de octubre a diciembre. También están documentados en el diagnóstico oficial los 73 mil cosechadores de 2019 a 2024 y las 284 colonias con tandeo reportadas por la Segiagua. Lo que falta por confirmar es en qué unidades territoriales se aplicará el programa, pues las reglas remiten a un aviso posterior; cuántas solicitudes se han recibido desde que abrió el registro; cuántos equipos de los programas anteriores siguen en uso, y si la meta de captación podría ampliarse con el margen de 15% que permiten las reglas. Tampoco hay un cruce público entre las colonias con tandeo y las zonas donde se instalarán los cosechadores.
Ese último punto es el más importante para medir el impacto. Si los equipos llegan a las colonias que hoy dependen del tandeo y de las pipas, cada cosechador puede aliviar semanas de espera durante la temporada de lluvias. Si se distribuyen con criterios más amplios, el efecto se diluye. Metrópoli 360 ya ha documentado cómo las presas llenas no apagan el conflicto por el agua en la CDMX y por qué el operativo Tlaloque no alcanza si la red sigue fallando; Casa Ecológica se suma a esa lista de respuestas parciales a un problema que es, sobre todo, de red, de distribución y de gestión.
Qué debería pasar después con Casa Ecológica
Nada de esto vuelve inútil al programa. La captación de lluvia es una de las pocas medidas que dan a un hogar algo de autonomía frente al tandeo, los calentadores solares reducen el gasto en gas LP de familias con pocos ingresos y los huertos comunitarios fortalecen el tejido vecinal. Las propias reglas reconocen que 46.6% de la población capitalina estaba en 2022 en situación de pobreza de adecuación energética, por lo que el componente de calentadores puede tener un efecto más inmediato que el de captación. El problema es presentarlo como una respuesta a la crisis hídrica cuando, por diseño, atenderá a menos de 1% de su población objetivo.
La discusión del presupuesto capitalino de 2027 es la oportunidad para corregir la escala y el calendario. Un programa que registre y diagnostique en el primer semestre e instale antes de mayo llegaría a tiempo para la temporada de lluvias, y una meta ligada explícitamente a las 284 colonias con tandeo permitiría medir resultados. También ayudaría que la Sedema publique el padrón de unidades territoriales y un reporte de cuántos cosechadores de años anteriores siguen operando. Mientras tanto, la política de vivienda que el gobierno presume, como la entrega de créditos y escrituras para vivienda digna, podría incorporar estas ecotecnias desde la construcción y no como un añadido de fin de año.
Casa Ecológica merece seguimiento, no aplausos anticipados ni descalificaciones. Su éxito dependerá de tres cosas que hoy no están a la vista: a qué colonias llega, cuántos equipos siguen funcionando dentro de dos años y si el gobierno de la ciudad está dispuesto a crecerlo hasta que deje de ser simbólico frente a la crisis del agua. Los 200 millones de pesos están aprobados; lo que falta es demostrar que se invertirán donde más falta hace y a tiempo para la próxima lluvia.
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