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Sheinbaum y el río Tula: por qué su saneamiento toca a la CDMX

JP Ojeda
Cauce del río Tula entre árboles a su paso por Tula de Allende, Hidalgo
El río Tula a su paso por Tula de Allende, Hidalgo. Foto: Ymblanter / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Por JP Ojeda

La conferencia matutina de este miércoles 28 de octubre en Palacio Nacional giró en torno al agua de Guadalajara, pero en la ronda de preguntas la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso sobre la mesa un tema que toca directamente a la Ciudad de México, aunque el río en cuestión no cruce la capital: el saneamiento del río Tula, al que ubicó, junto con el Atoyac y el Lerma-Santiago, entre los cuerpos de agua más contaminados del país.

La mención surgió cuando el reportero Eduardo Esquivel Ancona, del medio Domo de Cristal, preguntó si un proyecto de científicos de la Universidad Autónoma Metropolitana para limpiar descargas textiles en el río Lerma podría replicarse con la Universidad de Guadalajara para mejorar el agua que llega al lago de Chapala. Sheinbaum respondió que su gobierno trabaja en tres ríos, “los ríos más contaminados de México”, según la transcripción de la transmisión oficial, y enumeró el Atoyac, el Lerma-Santiago y el Tula con todos sus afluentes, además de la presa Endhó, en Hidalgo.

El minuto a minuto de El Universal coincide en que la presidenta habló de la descontaminación de esos tres ríos. Según la transcripción, la mandataria explicó que en el Atoyac la contaminación proviene sobre todo de la industria textil, incluidos pequeños talleres donde se lava mezclilla, y que ahí se trabaja con plantas de tratamiento y humedales, que son esquemas biológicos para limpiar el agua. También vinculó la mala calidad del agua con enfermedades renales en las zonas afectadas y sostuvo que limpiar los ríos no solo es un asunto de sanidad y de abasto de agua potable, sino también de salud pública.

Por qué el río Tula es un tema capitalino

Para quienes viven en la Ciudad de México, la relación con el Tula es más estrecha de lo que parece. Las aguas residuales y pluviales del Valle de México salen de la cuenca a través del drenaje profundo, en particular del Túnel Emisor Central y del Túnel Emisor Oriente, cuyos portales de salida se ubican en Atotonilco de Tula, Hidalgo. Según documentación de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Emisor Oriente arranca en la confluencia del Gran Canal de Desagüe con el río de los Remedios, en el límite entre la capital y el Estado de México, y termina en ese municipio hidalguense.

Dicho de otra forma: buena parte de lo que se va por el desagüe de una casa en Iztapalapa, Coyoacán o Gustavo A. Madero termina, tarde o temprano, en la cuenca del Tula. Durante más de un siglo esas aguas negras se usaron sin tratamiento para regar el Valle del Mezquital, como reconocen los propios documentos de la Conagua y de la Semarnat sobre la planta de tratamiento de Atotonilco, construida para atender parte de ese caudal.

Esa planta, una de las más grandes del país, fue diseñada para tratar en promedio 35 metros cúbicos por segundo en temporada de estiaje y hasta 50 en lluvias, según la empresa que la construyó y la opera bajo contrato. Aun así, la presa Endhó, que recibe parte de esos escurrimientos, se volvió por años un símbolo de la contaminación que la zona metropolitana exporta a Hidalgo, con lirio acuático, malos olores y plagas de mosquitos que afectan a las comunidades vecinas.

El tema conecta con el debate local sobre el agua. Como se ha documentado en el conflicto por el agua en la CDMX, la discusión en la capital ya no es solo de abasto: también es de drenaje y de calidad. Y basta un aguacero como el de la noche del martes, que dejó vialidades desbordadas en Benito Juárez, para recordar que el sistema que desaloja esas aguas es el mismo que termina en la cuenca del Tula.

Qué ha informado el gobierno sobre el saneamiento

Este miércoles la presidenta no dio cifras nuevas sobre el Tula, pero el programa ya se había detallado en conferencias anteriores. En la mañanera del 16 de julio, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, presentó el plan para cumplir el compromiso presidencial de sanear los tres ríos, con una inversión de 20 mil millones de pesos en el sexenio, un beneficio estimado para 25 millones de personas en 10 estados y 61 municipios, y un diagnóstico de 3 mil 202 descargas contaminantes, 479 tiraderos clandestinos y 460 industrias prioritarias en las tres cuencas. En esa presentación, el Tula apareció con 191 kilómetros de extensión.

El 30 de septiembre, el director de la Conagua, Efraín Morales López, informó en la conferencia matutina que la primera etapa reportaba un avance de 82 por ciento, con 23 plantas de tratamiento rehabilitadas o construidas, 282 kilómetros de colectores, 260 kilómetros de cauces desazolvados, 4 mil 663 hectáreas reforestadas y 44 estaciones para medir la cantidad y la calidad del agua. Ese mismo día, Bárcena reportó trabajos en la presa Endhó con una inversión de 75 millones de pesos y una reducción de 47 por ciento en la presencia del mosquito Culex, que afectaba a más de 27 mil habitantes de la zona.

En la misma conferencia de hoy, al hablar del caso de Guadalajara, Sheinbaum también fijó una postura que resuena en la capital: dijo que su gobierno no está de acuerdo con la operación privada del agua y que deben ser los organismos operadores públicos quienes operen y den mantenimiento a los sistemas, porque con operadores privados, afirmó, se elevan los costos. Añadió que la Conagua desarrolla obras en cerca de 2 mil municipios del país.

Lo que queda pendiente para la zona metropolitana

Para la Ciudad de México, el saneamiento del Tula plantea preguntas que van más allá de Hidalgo. La primera es cuánta del agua residual que genera la zona metropolitana se trata efectivamente antes de salir de la cuenca, sobre todo en temporada de lluvias, cuando el drenaje combinado mezcla agua de lluvia con descargas domésticas e industriales. La segunda es qué parte de la responsabilidad recae en la capital y en los municipios mexiquenses conurbados, cuyas descargas llegan al mismo sistema.

La coordinación entre entidades será clave. Los congresos de la Ciudad de México, el Estado de México, Hidalgo y Morelos firmaron este mes el protocolo del Parlamento Metropolitano del Valle de México, una instancia pensada justamente para problemas compartidos como el agua y el drenaje, que podría dar seguimiento legislativo a un asunto que cruza fronteras estatales.

Por ahora, lo dicho en Palacio Nacional confirma que el Tula sigue en la lista de prioridades federales y que el gobierno lo plantea también como un tema de salud. Falta conocer el informe de cierre de la primera etapa, los resultados de las estaciones de monitoreo y cuánto mejorará la calidad del agua que la zona metropolitana envía a Hidalgo. Para los capitalinos, la lección es directa: lo que se va por el drenaje no desaparece, solo cambia de domicilio.

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