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Arquitectura & Espacio

Piedra, lava y alta costura: el diálogo geométrico en el Espacio Escultórico

Por junio 19, 2026

Moda, geometría y lava: una editorial de alta costura en el paisaje monumental del Espacio Escultórico de la UNAM.

El Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), enclavado en el Pedregal de San Ángel al sur de la Ciudad de México, se convirtió en el escenario de un cruce entre la sastrería contemporánea y el land art. La obra monumental, inaugurada el 23 de abril de 1979, sirvió como el eje visual para una propuesta editorial que contrapone la rigidez del relieve volcánico con las líneas de la indumentaria de gala. Este ejercicio explora la relación entre la escala del cuerpo humano y las dimensiones del patrimonio universitario.

La realización de esta actividad se da en el marco de la revisión constante de los usos visuales del patrimonio universitario. Seis artistas del movimiento abstracto geométrico mexicano —Helen Escobedo, Hersúa, Sebastián, Federico Silva, Manuel Felguérez y Mathias Goeritz— concibieron este complejo como una obra transitable. El sitio, gestionado por la máxima casa de estudios, funciona regularmente como un centro de observación del paisaje y resguardo ecológico, donde la roca fija del suelo contrasta con el flujo peatonal.

El núcleo del monumento, conformado por un mar de lava negra natural de casi 93 metros de diámetro interior, funciona como el fondo áspero frente al que se despliegan los textiles finos. El suelo, originado por la erupción del volcán Xitle hace más de mil 600 años, presenta una superficie porosa de tezontle y basalto que absorbe la luz, lo que permite que las texturas pulidas de telas como la lana virgen, el lino pesado y las sedas estructuradas resalten sin necesidad de iluminación artificial complementaria.

El anillo exterior, compuesto por una corona de 64 prismas de hormigón que descansan sobre una base circular de 120 metros de diámetro, establece un marco geométrico repetitivo. La disposición de estos bloques monolíticos genera un juego de luces y sombras duras que se proyectan directamente sobre los cortes de las prendas. Esta interacción visual define líneas verticales que emulan la arquitectura brutalista del campus central de Ciudad Universitaria, asimilando la indumentaria al entorno edificado.

La paleta de color seleccionada para los trajes se restringe a tonos minerales y neutros: blanco, marfil, grafito, plata, rojo óxido y azul noche. Esta delimitación cromática responde a la necesidad de mantener la neutralidad frente al entorno grisáceo del concreto y el negro del suelo volcánico, evitando distractores visuales y concentrando el registro fotográfico en el volumen de los sacos, los pantalones de corte recto y los abrigos estructurados de la propuesta textil.

Para los visitantes y creadores visuales interesados en la interacción con el espacio, las autoridades universitarias mantienen lineamientos estrictos de acceso con el fin de proteger la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA). El ecosistema alberga especies endémicas como el tlacuache y la planta del palo loco, lo que obliga a que toda producción fotográfica o de diseño se realice bajo protocolos de bajo impacto, sin alterar la disposición de la piedra ni el crecimiento de la vegetación local.

Los registros de la Gaceta UNAM y los catálogos de patrimonio de la institución sugieren que las dimensiones y el número exacto de módulos del anillo deben verificarse directamente con las áreas de curaduría antes de cualquier publicación técnica. Aunque la cifra de 64 prismas es la más documentada en las fuentes oficiales universitarias, las variaciones en los archivos históricos del proyecto original de 1979 invitan a un manejo reservado de los datos numéricos en materiales infográficos.

La luz natural del sur de la capital, caracterizada por su intensidad en las primeras horas de la mañana y la dureza del atardecer, modifica la percepción del volumen de la ropa a lo largo de las jornadas de registro. El viento característico de la zona del Pedregal aporta un elemento de movimiento que contrasta con la inmovilidad de la roca, permitiendo documentar la caída real de los textiles frente a la masa rígida del hormigón.

El uso editorial de este monumento subraya la vigencia de la arquitectura universitaria como un lienzo vivo para las industrias creativas. Al integrar el diseño de moda con el paisaje pétreo fundado en los años setenta, el Espacio Escultórico reafirma su condición de área transitable donde conviven la geología, el arte abstracto y la estructura de la sastrería en el entorno urbano de la Ciudad de México.

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