Cráter de Chicxulub: el impacto en Yucatán que acabó con los dinosaurios y creó los cenotes
Por Anabel Beltrán
Bajo los pueblos, carreteras y selvas de la península de Yucatán yace la huella de uno de los eventos más dramáticos de la historia de la Tierra. Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro se estrelló en esta región y desencadenó una extinción masiva que acabó, entre muchas otras especies, con los dinosaurios no avianos. El cráter resultante, conocido como Chicxulub, es uno de los más estudiados del planeta.
Un cráter que no se ve
A diferencia de otros cráteres de impacto, Chicxulub no es visible a simple vista. Tiene un diámetro estimado de alrededor de 180 a 200 kilómetros y está sepultado bajo cientos de metros de sedimentos calizos que se acumularon durante millones de años. Aproximadamente la mitad se encuentra en tierra firme y la otra mitad bajo las aguas del Golfo de México. Su centro se ubica cerca del puerto de Chicxulub, en Yucatán, del cual toma su nombre.
Un descubrimiento que empezó buscando petróleo
La historia de su hallazgo es tan interesante como el cráter mismo. A finales de los años setenta, geofísicos que trabajaban para Petróleos Mexicanos realizaban estudios magnéticos y gravimétricos de la región en busca de hidrocarburos. Entre ellos, Antonio Camargo y Glen Penfield identificaron una estructura circular anómala que podía corresponder a un cráter de impacto, y presentaron la idea a inicios de los años ochenta.
Casi al mismo tiempo, en 1980, el físico Luis Álvarez y su hijo, el geólogo Walter Álvarez, junto con otros colegas, habían propuesto que una capa de arcilla rica en iridio, presente en rocas de distintas partes del mundo en el límite entre los periodos Cretácico y Paleógeno, era evidencia del impacto de un gran asteroide. Faltaba encontrar el cráter. En los años noventa, distintos estudios conectaron ambas piezas y Chicxulub fue ampliamente aceptado como el sitio del impacto.
Qué pasó tras el impacto
- Liberación de energía: equivalente a miles de millones de bombas atómicas.
- Tsunamis: olas gigantes recorrieron el Golfo de México y regiones costeras.
- Incendios y polvo: material expulsado a la atmósfera bloqueó la luz solar.
- Cambio climático abrupto: el enfriamiento y el colapso de la fotosíntesis afectaron cadenas alimenticias completas.
Se estima que alrededor de tres cuartas partes de las especies del planeta desaparecieron. Ese vacío ecológico abrió paso a la diversificación de los mamíferos, linaje al que pertenecemos los seres humanos.
El anillo de cenotes
Una de las huellas superficiales más notables del cráter es el llamado anillo de cenotes, una alineación semicircular de cenotes que coincide aproximadamente con el borde de la estructura de impacto. Los cenotes son cavidades formadas por la disolución de la roca caliza que permiten el acceso al agua subterránea. La deformación de las rocas en el borde del cráter favoreció la circulación del agua y la formación de estas cavidades en esa franja.
Así, un evento catastrófico de hace millones de años influyó en la geografía que hoy define a la península: un territorio sin ríos superficiales donde los cenotes han sido fuente de agua y centros sagrados para el pueblo maya.
Ciencia que continúa
En 2016, una expedición científica internacional perforó el anillo de picos del cráter desde una plataforma marina y obtuvo núcleos de roca que han permitido entender cómo se forman los grandes cráteres y cómo la vida volvió a colonizar el sitio después del impacto. Investigadores mexicanos, en particular de la UNAM, han tenido un papel destacado en el estudio de Chicxulub.
Visitar la zona
Aunque el cráter no se puede ver, en Yucatán existen espacios de divulgación dedicados al impacto, y recorrer los cenotes del anillo es una forma de conectar con esa historia profunda. Cada vez que alguien nada en las aguas cristalinas de un cenote yucateco, está, en cierto modo, dentro de la huella de un evento que cambió para siempre la vida en la Tierra.
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